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Morella

Esta hermosa villa de montaña, rodeada por una antigua muralla, se encuentra situada a 95 km de Oropesa del Mar y posee un castillo medieval y grandes casas solariegas. Viajar a Morella es vivir una experiencia personal. Porque Morella no es solo un escenario medieval, es una ciudad con vida. Es un paisaje humano. Desde los restaurantes, donde se cuece la gastronomía morellana, podemos descubrir sabiduría, estima y tradición. No hay cocinero y cocinera que no dedique un homenaje a sus antepasados en los fogones. Legados de familia, de madres y abuelas que han trasmitido usos y costumbres culinarias.

rememberthisvideo.com En los telares textiles y comercios podemos escuchar los sonidos de la historia, de familias enteras que trabajaron el hilo, la lana... y que hoy, con orgullo, sus descendientes han recuperado estos oficios. Podemos sentir como el espardenyer elabora a mano las alpargatas y como en las pastelerías el flaón y los dulces morellanos cumplen la estima de unas tradiciones.

En invierno huele a leña y a nieve, a sosiego, a trufa y a los vientos del norte que surcan el aire. Un frío que es cálido en la mesa, en las casas y en los establecimientos hosteleros. Cuando asoma el otoño, ya en septiembre, la ciudad se pinta de los colores de esta estación, rojos, ocres, amarillos y empiezan a respirar las primeras chimeneas. El otoño es también tiempo de setas, de salir al campo con la cesta de mimbre, de aprovechar los últimos días templados, de sol cálido.

La primavera es una explosión de colores y de olores. La montaña derrocha belleza, el aroma del romero y del tomillo, la aliaga y todas las hierbas y arbustos que florecen en estos meses. Y cuando el espliego huele ha llegado el verano, con su bullicio en las calles, la fiesta y la alegría. Cuatro estaciones que marcan el paso del tiempo, periodos en los que la gastronomía ofrece diversas posibilidades y en los que la población morellana no deja de vibrar porque en esta ciudad no cesan las actividades, las citas culturales y, sobre todo, la hospitalidad y la convivencia, la vida en la calle.

Es una ciudad habitada y recorriendo sus calles empedradas descubrimos increíbles rincones de belleza. Es recomendable pasear por Morella, perderse en el casco urbano, descubrir una puerta de madera donde los artesanos han dejado sus huellas. Mirar los aleros, los tejados. Mirar los balcones de Morella, la vida que cuelga de las fachadas de las casas. Cortinas de hilo, de ganchillo y de bordados, flores que dan colores a las piedras. La población morellana ama esta ciudad, y la cuida, protege, conserva. A lo largo de los siglos no ha desaparecido esta estima.

Morella abre sus puertas, torres que han visto pasar la historia, que vieron como el Rey Jaume I entró en la ciudad comenzando la Reconquista. El castillo, que domina un océano de montañas, ha sido una las fortalezas más imponentes del Mediterráneo. El paso de numerosas civilizaciones, prehistóricas, Íberos, romanos, musulmanes, cristianos... han dejado su huella en esta impresionante construcción habitada ininterrumpidamente desde el III Milenio antes de Cristo.

Cada piedra encierra historias, leyendas, alianzas y conflictos. Salones y Patio de Armas que han sido escenario de las batallas de El Cid Campeador, de contiendas como la Guerra de Sucesión, y eje de las guerras Carlistas. Estas piedras han sido testigo de los tiempos de Cátaros y Austrias. Desde la cumbre podrás volar por el cielo de Morella, cadenas montañosas se extienden ante ti y el descenso visual, panorámico, de las casas morellanas a los pies del castillo te parecera· un enjambre de tejados rojizos.

Conoce por dentro de las Torres de San Miguel, de base octogonal construidas en el s. XIV que forman parte de la puerta principal de la ciudad.

Además de apreciar todo el encanto de una torre medieval podrás disfrutar de las mejores vistas recorriendo un tramo del paseo de ronda de la muralla.

Y no olvidas de visitar a la Iglesia Arciprestal Santa María Mayor. Es uno de los templos más bellos del Mediterráneo. Edificio gótico que reúne en una misma fachada dos puertas de gran interés, la de los Apóstoles y la de las Vírgenes.

En su interior hay que detenerse en la escalera de caracol que da acceso al coro, realizada en estuco de yeso policromado, así como el Pórtico de la Gloria, el Juicio Final, el altar mayor barroco churrigueresco, los grandes y coloristas rosetones de vidrieras originales de la escuela valenciana del siglo XIV y el organo monumental, creado por Turull, de la escuela Aragonesa, en 1719. Hoy se puede disfrutar con el sonido pleno de los 4.000 tubos del órgano, sobre todo en el marco del Festival Internacional de Música de Órgano que cada mes de Agosto se celebra en Morella.

Disfrute de sus vacaciones en la Costa Azahar.

Joomlart